Me sobraban motivos para quedarme a escucharte, para insistir sobre algo que perdía el sentido cada día y para echarte de menos cuando no podía tenerte de frente. Pero ya no están, y tú tampoco. No sé hasta qué punto me engañé, ni si eras tu quien se engañaba, y se engaña. Lo que sé, es que no hay nada menos profundo que perder el rumbo de tu propia vida. Y si, era yo quien estaba equivocada, que ahora entiendo que todo lo que hago tiene el mismo sentido , aunque luego no pueda correr a contártelo.
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