Rózame. Bésame en el cuello. Aráñame la espalda. Arráncame gemidos, regálame un orgasmo. Abrázame, tan fuerte que se me escape el aire, tan intenso que se me nuble el juicio. Quiéreme, miénteme, dame la mano. Llévame al país de las estrellas, cuéntame historias, quédate a mi lado. Por favor.
Te suplico, pido redención, lloro de pena. Y tú, ausente. Y yo, tristeza. Escúchame, te quiero. ¿Lo entiendes? Con todas las letras, en fila, como las niñas buenas. Y tú te tapas los oidos. No entiendes. No quieres.
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